Libro II · Crónicas de Cal y Sombras de Cartagena

Hasta el Número Seis

En lo alto de La Popa, algo despierta.
No corre. No grita. Cuenta.

Hasta el Número Seis nace de una certeza incómoda: hay lugares que no fueron hechos para ser habitados, sino para contener lo que no debe volver.

En lo alto del cerro de La Popa, donde la ciudad se muestra completa y tranquila, algo permanece despierto. No corre. No grita. Cuenta.

Bajo muros restaurados, vistas turísticas y oraciones repetidas, la piedra guarda marcas, números y restos que nadie quiere leer. Cada cuenta es una advertencia. Cada silencio, una omisión.

El que espera

En las crónicas antiguas, Buziraco no era un demonio que atacara, sino una presencia que exigía orden, conteo y sacrificio. No tomaba lo que quería: esperaba que se le entregara.

En Hasta el Número Seis, su nombre no aparece como invocación, sino como huella. Grabado en marcas repetidas. En números incompletos. En rituales que nunca se cerraron del todo.

La Popa no es solo un lugar elevado. Es un punto de observación, de registro y de espera. Allí, lo que fue contenido empieza a reclamar su cuenta final.

Aquí el terror no persigue. Se acumula. Vive en la repetición, en lo que parece casual, en lo que se deja pasar una vez, y luego otra.

Cada número aparece donde no debería. Cada marca recuerda que algo fue contado mal, o que alguien decidió detenerse antes de llegar al final.

Cartagena vuelve a ser un cuerpo que recuerda. No desde el agua, como en la primera crónica, sino desde la piedra, el cerro y la altura.

Edición

Portada La Mulata del Barco de Cal
Contraportada La Mulata del Barco de Cal

Algunos conteos no pueden interrumpirse

Hay historias que no quieren ser leídas. Quieren ser terminadas.


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